En su discurso ante los líderes mundiales congregados en el Debate General, el Secretario General hizo un balance de los diez años que han caracterizado su mandato, marcado por la multiplicación de guerras, las crecientes divisiones geopolíticas, la desigualdad con múltiples rostros y la crisis climática, centrando su mensaje en la reconfiguración del poder mundial.
“Estallaron guerras con consecuencias devastadoras y se prolongaron con una crueldad despreciable”, afirmó.
Antonio Guterres, que no quiere que este discurso sea visto como una despedida o como su legado, destacó el impacto de esas guerras: “se atacó a civiles. Se pisotearon los derechos humanos. Se utilizó el hambre como arma. Se mató a los trabajadores humanitarios. Y se dejó de lado el derecho internacional”.
Pero las guerras fueron solo una parte de los cambios que marcaron estos diez años que han transcurrido bajo su cargo, “las divisiones geopolíticas se han profundizado. Las desigualdades se han intensificado. La confianza se ha deshilachado. La crisis climática pasó de ser una advertencia lejana a una realidad cotidiana. Y la inteligencia artificial avanzó a una velocidad que ha dejado desconcertados incluso a quienes la crearon”, dijo.
Para Guterres, no se trata de crisis separadas, sino de capítulos de la misma historia: “la historia del poder”.
Desde el podio de la Sala de la Asamblea, el titular de la ONU explicó a los jefes de Estado y de Gobierno, “cómo el poder está siendo reconfigurado de tres maneras fundamentales” con el surgimiento de nuevos centros de poder económico, político y tecnológico, la transferencia de poder de los gobiernos a un puñado de corporaciones e individuos y la creciente delegación en las máquinas de nuestra capacidad de decisión.
El reto más importante para Guterres es el hecho de que las instituciones internacionales no se han adaptado para reflejar las nuevas realidades del poder.
“En el preciso momento en que la humanidad afronta una convergencia de amenazas sin precedentes, nuestros mecanismos de acción colectiva soportan una tensión creciente”, dijo Guterres. A partir de ahí habló de un mundo que ya en ha dibujado en múltiples ocasiones desde hace años, uno multipolar y dividido, en lo que ha dado en llamar la Gran Fractura: la división en dos bloques rivales con una separación económica, tecnológica y de seguridad.
Pero como muchas veces ha comentado también, no necesariamente ese tiene que ser el resultado final, sino que se puede lograr un mundo multipolar interdependiente y eso requiere de un sistema multilateral centrado en la ONU.
Al final se trata de decidir si se actuará para garantizar que el poder gobierna de acuerdo con la ley o con la fuerza, o mediante la coerción o la cooperación.
“De cara al futuro, nuestro porvenir estará determinado por cómo abordemos cuatro grandes pruebas del poder: El poder sobre la guerra y la paz. El poder que concentra la riqueza e impulsa la desigualdad. El poder que alimenta el caos climático y la guerra contra la naturaleza. Y el poder desatado por la inteligencia artificial”, dijo.
En materia de paz y seguridad, Guterres se detuvo en Gaza, Ucrania, Sudán y Myanmar, y reclamó defender la Carta de la ONU “sin dobles raseros”.
También volvió a pedir una reforma del Consejo de Seguridad y calificó de “injusto e indefendible” que África siga sin tener un asiento permanente.También, por supuesto, habló del cambio climático: “En muchos sentidos, es el desequilibrio de poder intergeneracional más profundo de todos. Una generación consumiendo el futuro de la siguiente. Un grupo beneficiándose, mientras quienes menos responsabilidad tienen sufren primero y peor”.
Además, pidió a todos los gobiernos adoptar planes nacionales para abandonar progresivamente los combustibles fósiles, alineados con el objetivo de 1,5 °C y con protección para los trabajadores y las comunidades afectadas.
Sobre la inteligencia artificial, pidió avanzar hacia un marco multilateral de gestión de riesgos con supervisión independiente y afirmó que las decisiones de vida o muerte no deben entregarse nunca a las máquinas.
Con 100 días todavía por delante en su mandato, y sin conocer todavía quién será su sucesor, António Guterres terminó su discurso y se despidió de la Asamblea General asegurando que, esté donde esté, seguirá defendiendo la paz y los valores de la Carta de la ONU: “no me rendiré nunca”.
Artículo publicado originalmente en ONU



